Apuntes en blanco y negro
El caso Macotela
Carlos Emiliano Vidales González AKA "Moroco"
Miércoles 20 de Enero de 2010
Durante algún tiempo hemos sido muy enfáticos sobre los problemas que genera la reducción del mundo cultural al ámbito artístico y sobre las consecuencias negativas que provoca el olvido de la cultura como elemento fundamental del desarrollo de una sociedad, sin embargo, el discurso ha omitido gravemente a los propios actores, a todos aquellos que, pese a vivir en un mundo agotado por su propia desesperanza, han transformado la palabra, los sonidos, las formas, los colores, los aromas o la memoria en mundos donde lo imposible o lo improbable es por lo único que vale la pena seguir luchando. Y esa es la historia de las bandas de rock que sobreviven en esta ciudad, pequeños grupos de músicos que permanecen en la clandestinidad, en lo oscuro, tocando desde hace una década en los mismos lugares, con la misma gente y con las mismas carencias, confirmando una y otra vez que su forma de vida es incómoda para la gran mayoría, para quienes su labor puede ser prescindible en una ciudad que lo esconde todo bajo el manto de su doble moral. Claro, en este escenario a nadie se le puede ocurrir que su labor pueda ser una opción de vida. Pero ahí están muchos de ellos, ya no sólo sobreviviendo a la indiferencia de la gente y el gobierno, sino ahora, literalmente sobreviviendo a un sistema que no está preparado para incluirlos.
Hace algunos años celebramos gustosos la creación de una Secretaría de Gobierno dedicada específicamente al ámbito cultual de este estado, pues no sólo se le daba reconocimiento a la dimensión cultural del desarrollo, sino a sus múltiples actores que por siempre habían sobrevivido a su propia condición de marginalidad. Pero la realidad es que no es mucho lo que se ha avanzado, pues las carencias siempre salen a relucir en el peor de los escenarios, como es el caso de Jonathan Macotela, un hombre que nació con el don de la música y la literatura, alguien que se enfrenta a lo imposible con los sonidos y la letra de lo posible, pero una víctima más de un sistema que persiste en poner a pelear por migajas a un desgastado círculo de artistas que lucha por no perecer en las penumbras de la indiferencia. La historia comienza entonces con uno de esos ofrecimientos, Los Meketrefes, grupo donde Jonathan toca el bajo, fue contratado por la Secretaría de Cultura para dar un concierto en Huetamo en diciembre pasado. Sin embargo, un accidente automovilístico impidió que el concierto se llevara a cabo. Jonathan fue el más lastimado, pero el padecer se extendería más allá de lo propiamente físico.
Según la nota publicada por Carlos Márquez el día de ayer en el periódico La Jornada Michoacán: “La Secretaría de Cultura no está en posibilidades de destinar recursos para cubrir gastos médicos de los artistas, afirman el director de Formación y Educación, Marco Antonio Sánchez Lemus, y el asesor de la dependencia, Arturo Chávez Carmona, respecto de la exigencia de algunos creadores de contar con mayores garantías laborales frente a los riesgos de trabajo y específicamente ante el caso del músico Jonathan Macotela”. Según la misma nota, Jonathan señaló que “tanto la Secretaría de Cultura como la empresa encargada del traslado de la banda Los Meketrefes, Consultaría de Autotransportes, no han cubierto los gastos de su hospitalización, que ascienden a 530 mil pesos”. En este escenario, salen a relucir nuevamente las carencias de un sistema que insiste en ver en la cultura un simple espectáculo de domingo y al artista como un divertimento social. Sumemos entonces las carencias de salud y las condiciones de precariedad a las que tienen que ser sometidos los artistas en su búsqueda de apoyos gubernamentales, de quienes sólo obtienen el insulto de una retribución económica miserable por su trabajo. Pero por suerte, no todo está perdido, todavía hay vida por delante.
Mientras Borges camina entre sus cuerdas o Auster escribe la siguiente melodía, Jonathan nos recuerda que el mundo parece entender que lo imposible es sólo una mala suposición, pues nos recuerda que mientras exista la oportunidad de una última melodía, un último poema, una última historia, un último cigarro o un último trago, entonces quiere decir que queda toda una eternidad por delante. Un reconocimiento entonces a todos aquellos que como Jonathan nos mantienen vivos con su pasión y expresión. Finalmente, pese a todas las adversidades y una mala historia, lo mejor de todo es que tendremos oportunidad de un trago, una historia, una melodía y un cigarro más. Fuerza y valentía en estos momentos mi estimado Jonathan, que apenas vamos en el primer movimiento de un concierto del que aún queda mucho por escribir.
Comentarios y sugerencias morocoi@yahoo.com
El caso Macotela
Carlos Emiliano Vidales González AKA "Moroco"
Miércoles 20 de Enero de 2010
Durante algún tiempo hemos sido muy enfáticos sobre los problemas que genera la reducción del mundo cultural al ámbito artístico y sobre las consecuencias negativas que provoca el olvido de la cultura como elemento fundamental del desarrollo de una sociedad, sin embargo, el discurso ha omitido gravemente a los propios actores, a todos aquellos que, pese a vivir en un mundo agotado por su propia desesperanza, han transformado la palabra, los sonidos, las formas, los colores, los aromas o la memoria en mundos donde lo imposible o lo improbable es por lo único que vale la pena seguir luchando. Y esa es la historia de las bandas de rock que sobreviven en esta ciudad, pequeños grupos de músicos que permanecen en la clandestinidad, en lo oscuro, tocando desde hace una década en los mismos lugares, con la misma gente y con las mismas carencias, confirmando una y otra vez que su forma de vida es incómoda para la gran mayoría, para quienes su labor puede ser prescindible en una ciudad que lo esconde todo bajo el manto de su doble moral. Claro, en este escenario a nadie se le puede ocurrir que su labor pueda ser una opción de vida. Pero ahí están muchos de ellos, ya no sólo sobreviviendo a la indiferencia de la gente y el gobierno, sino ahora, literalmente sobreviviendo a un sistema que no está preparado para incluirlos.
Hace algunos años celebramos gustosos la creación de una Secretaría de Gobierno dedicada específicamente al ámbito cultual de este estado, pues no sólo se le daba reconocimiento a la dimensión cultural del desarrollo, sino a sus múltiples actores que por siempre habían sobrevivido a su propia condición de marginalidad. Pero la realidad es que no es mucho lo que se ha avanzado, pues las carencias siempre salen a relucir en el peor de los escenarios, como es el caso de Jonathan Macotela, un hombre que nació con el don de la música y la literatura, alguien que se enfrenta a lo imposible con los sonidos y la letra de lo posible, pero una víctima más de un sistema que persiste en poner a pelear por migajas a un desgastado círculo de artistas que lucha por no perecer en las penumbras de la indiferencia. La historia comienza entonces con uno de esos ofrecimientos, Los Meketrefes, grupo donde Jonathan toca el bajo, fue contratado por la Secretaría de Cultura para dar un concierto en Huetamo en diciembre pasado. Sin embargo, un accidente automovilístico impidió que el concierto se llevara a cabo. Jonathan fue el más lastimado, pero el padecer se extendería más allá de lo propiamente físico.
Según la nota publicada por Carlos Márquez el día de ayer en el periódico La Jornada Michoacán: “La Secretaría de Cultura no está en posibilidades de destinar recursos para cubrir gastos médicos de los artistas, afirman el director de Formación y Educación, Marco Antonio Sánchez Lemus, y el asesor de la dependencia, Arturo Chávez Carmona, respecto de la exigencia de algunos creadores de contar con mayores garantías laborales frente a los riesgos de trabajo y específicamente ante el caso del músico Jonathan Macotela”. Según la misma nota, Jonathan señaló que “tanto la Secretaría de Cultura como la empresa encargada del traslado de la banda Los Meketrefes, Consultaría de Autotransportes, no han cubierto los gastos de su hospitalización, que ascienden a 530 mil pesos”. En este escenario, salen a relucir nuevamente las carencias de un sistema que insiste en ver en la cultura un simple espectáculo de domingo y al artista como un divertimento social. Sumemos entonces las carencias de salud y las condiciones de precariedad a las que tienen que ser sometidos los artistas en su búsqueda de apoyos gubernamentales, de quienes sólo obtienen el insulto de una retribución económica miserable por su trabajo. Pero por suerte, no todo está perdido, todavía hay vida por delante.
Mientras Borges camina entre sus cuerdas o Auster escribe la siguiente melodía, Jonathan nos recuerda que el mundo parece entender que lo imposible es sólo una mala suposición, pues nos recuerda que mientras exista la oportunidad de una última melodía, un último poema, una última historia, un último cigarro o un último trago, entonces quiere decir que queda toda una eternidad por delante. Un reconocimiento entonces a todos aquellos que como Jonathan nos mantienen vivos con su pasión y expresión. Finalmente, pese a todas las adversidades y una mala historia, lo mejor de todo es que tendremos oportunidad de un trago, una historia, una melodía y un cigarro más. Fuerza y valentía en estos momentos mi estimado Jonathan, que apenas vamos en el primer movimiento de un concierto del que aún queda mucho por escribir.
Comentarios y sugerencias morocoi@yahoo.com
0 comentarios:
Publicar un comentario